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LOS AFRANCESADOS DE LA UNIÓN EUROPEA

  • Foto del escritor: monsieurcalgues75
    monsieurcalgues75
  • 24 abr 2020
  • 3 Min. de lectura


Ahora, que estamos en familia, sentados cada uno en el sillón de nuestra casa preguntándonos qué será de nosotros y cuánto tiempo seguiremos en este encierro, confesarlo ¿cuántos de vosotros miráis con ojos húmedos hacia el brumoso norte y suspiráis por el esforzado caballero teutón que nos rescate del incierto futuro, con su refulgente coraza y una catarata inagotable de euros? ¿Tú, verdad? Y tú, y tú también… Pues tengo una mala noticia damiselas indefensas: La Unión Europea, son los padres. En efecto, son los padres, y siento ser yo el que os quite la ilusión de la noche mágica en la que recibiréis sus regalos, en forma de créditos de imposible pago, pero una pandemia china, les ha y nos ha, dejado con las vergüenzas al aire, y ya no podemos seguir disimulando más.

La Unión Europea, como el resto de organismos creados por la élites globalistas; OTAN, ONU, OMS, FMI y de más acrónimos, cuyo último significado no es otro que: Gobierno Federal de los Estados Unidos de Norteamérica… Han mostrado su verdadera faz, en cuanto una pandemia ha asomado su patita china. La solidaridad entre miembros, que algunos reclamaban como esencia de “Europa”, ha saltado por los aires, y privados de la cabeza, dedicada a sus propios problemas (Trump, no está para aguantar a 27 europeos llorones pidiendo que les cambien los pañales), los miembros putrefactos de este occidente decadente, se han agitado cada uno en una dirección distinta, no dudando en golpearse unos a otros si con ello pensaban salvarse a sí mismos.

Esto, ha causado estupor entre los liberales “pata negra”, esos que habían vendido hace tiempo su alma, al “europeísmo” de la Troika y Merkel. De pronto, han comprobado que en Europa, cada nación va a lo suyo y que les importa una higa lo que les pase al resto. Es más, alguno está disfrutando de la desgracia de los otros, y nos recomienda que abandonemos a nuestros padres y abuelos a la muerte por asfixia, si queremos que sus arcas de comerciantes y piratas nos concedan unos préstamos cobrados a precio de sangre. No comprenden estos ladronzuelos de pesas amañadas y puñalada por la espada, que perdieron todo rastro de civilización el mismo día, que el último soldado español abandonó esa tierras. Que en las naciones civilizadas como la española, que ya lo era, cuando ellos seguían quitándose los piojos unos a otros como mandriles; la vida, y especialmente la de nuestros familiares, es infinitamente más importante que su oro.

Y no es que los liberales “europeistas” no hubieran tenido pistas para sospechar que el tinglado de la Unión Europea, no era para beneficiar a los españoles, después de lo ocurrido, con el golpe de estado independentista y los tribunales europeos. Sin embargo, su fe en que “España es el problema y Europa la solución”, estigma que ha perseguido a nuestras élites desde hace más de tres siglos, sigue vivo y con inmejorable salud. Un sanchopancismo algo , que se regodea en criticar lo propio y alabar lo ajeno, y que a la postre, a fuerza de repetición, ha acabado por deformar el espíritu español, esperando que la salvación a todos nuestros problemas no vengan de nuestro genio y esfuerzo, sino de la intervención extranjera, ya sea esta de Napoleón, los Cien mil Hijos de San Luis y de su puñetera madre, de Marshall cantando de la mano de pueblerinos en blanco y negro, o del petit Macron y su yaya Merkel. No importa que a resultas de su ayuda, los EEUU, nos impusieran sus guerras y a sus ejércitos en nuestro suelo, y que la UE desmontase nuestra capacidad industrial por completo, para convertirnos en el destino predilecto de los alemanes del nuevo Kraft durch Freude. El liberal español, eurotonto y “occidentalista” convencido, seguirá como el hortera de Galdós suspirando por el Napoleón de turno, que nos ponga “en el siglo”, mientras dice (solo hace falta cambiar el nombre del maldito corso, por el de la infame Unión Europea)…


-¡Oh, grandes nuevas. Los franceses han entrado en España. Yo estoy contentísimo.

Luego bajando la voz dijo con semblante risueño.

- ¡Van a conquistar Portugal! ¡Es para volverse locos de alegría!

- ¡Hombre, no lo entiendo!

- ¡Ah, Gabrielillo! Tú, como eres un pobre chico, no entiendes de estas cosas. Ven acá mentecato: Si conquistan Portugal, ¿para qué ha de ser sino para regalárselo a España?

- ¿Y un reino se conquista y se regala como si fuera una libra de nísperos, señor Cuancos?

- Pues claro, Napoleón es un hombre que me gusta. Quiere mucho a España y se desvive por hacernos felices…




 
 
 

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