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SOLO EL AMOR NOS HARÁ INMORTALES

  • Foto del escritor: monsieurcalgues75
    monsieurcalgues75
  • 12 may 2022
  • 2 Min. de lectura

Dice el poeta que “el amor es como don Quijote: cuando recobra el juicio es para morir”. Para los melindrosos, los cobardes, los pacifistas de estómagos hinchados a fuerza de tragar injusticias, eructando la pestilencia de sus mesurados juicios, incapaces de amar nada más que a sí mismos, no tendrá sentido que dos jóvenes rodeados de muerte, se prometan amor eterno. Menearán la cabeza cínicos e indulgentes antes de hundirse otra vez en su anodina y hedionda vida.


Esos, nunca han amado, puede que crean que sí, pero yo os digo que no, que el amor es imposible para los que no están locos. Porque el amor, es una flecha vibrante lanza al cielo, es la ausencia absoluta de razón, es la inmolación diaria de uno mismo en la felicidad del otro. Y eso, los cobardes no pueden entenderlo. Habrá quien os diga que, cuando la muerte ronda a cada segundo, casarse, prometerse amor eterno, no tiene sentido, que es un gesto vano. Y yo os digo también, que los únicos muertos son ellos, porque la inmortalidad, sólo se conquista a golpe de amor, con mandobles de desesperado de heroísmo. Estos dos jóvenes ucranianos, conocían ese secreto. Lo han descubierto, luchando en la que es ya, la batalla más épica de este siglo, porque sí cobardes, se puede amar, matando y muriendo. Quizá sea la única forma auténtica de hacerlo.


Su locura es tal, su amor es tal – perdonad la redundancia- que han decidido desafiar al Cielo con su amor ¡maravillosa locura! Y con sus anillos de papel, pedir a Dios, exigirle, que el Evangelio no se cumpla en ellos, porque quieren seguir siendo marido y mujer en el Cielo. Ellos, no son sepulcros blanqueados, de lenguas bífidas, buscando perder al Señor con argumentos circuncisos ¡ellos son soldados! El amor ha sido, ¡es! Su vida.


Dicen, que él, está ya formando en las legiones de arcángeles celestes, donde van los soldados que mueren de amor. Y que ha dejado un hueco en la formación para su amada. Allí, juntos los dos, compartirán la eternidad como marido y mujer con la mirada indulgente del Padre, que como nos descubrió Unamuno, ama especialmente a los locos, mientras benévolo se rie de ellos.


El mundo, que apesta a cobardía, a lógica y razón; a resentimiento contra los locos que evidencian su cordura, la muerte estéril de sus almas, mirará hacia otro lado, mientras ese puñado de locos quijotes agoniza, luchando a brazo partido contra gigantes, sabiendo que ya han vencido, precisamente porque no han sido capaces de abandonar su locura. Y yo, que no estoy hace tiempo, suficientemente loco, miraré esta noche al cielo lejano, el que se esconde detrás de los luceros y rezaré después de mucho tiempo sin hacerlo, por los locos, por los enamorados, por los héroes.


 
 
 

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