Peninsularidad en el pensamiento de José Antonio
- monsieurcalgues75

- 1 feb 2022
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 11 jun 2023
Es infinito el mar, la vida corta,
nuestro poder, pequeño,
¡pero no os arredréis! ¿Qué nos importa
que se acabe la vida en el empeño?
¡No importa que muramos! Las estelas
que dejan nuestras raudas carabelas
jamás han de borrarse; por su traza
vendrán para buscar nuevos caminos
otros bravos marinos
de nuestra Religión y nuestra Raza;
De España y Portugal, la raza ibera
cuyos hijos, unidos como hermanos,
a la sombra van hoy de una bandera;
portugueses e hispanos,
bogamos juntos tras la misma suerte...
Españoles, ¡quién sabe si algún día
se unirá vuestra Patria con la mía
en un lazo de amor eterno y fuerte!
Calló; todos callaban
de solemne estupor sobrecogidos;
los bravos corazones palpitaban
con rápidos latidos,
y tendiendo los brazos a Occidente,
por donde un nuevo mundo aparecía,
el marino vidente
acabó la asombrosa profecía:
– Esas costas y esotras cordilleras
también serán iberas
cuando naves de Iberia con sus quillas
surquen aquel Estrecho que allí asoma;
desde las dos orillas
les darán parabienes en su idioma...
¿Qué importa nuestra muerte si con ella
ayudamos al logro de este sueño?
Si la muerte es tan bella,
¿qué importa sucumbir en el empeño?..
¡Adelante, hijos míos!
–gritó transfigurado, el Almirante–.
Y los cuatro navíos
temblaron a las voces de: –¡Adelante!..
Hincháronse las velas;
en el mástil derecho
la enseña tremoló, las carabelas
embocaron audaces el Estrecho...
Y entonces, estallando de repente
la fiera tempestad que amenazaba,
rugió por los espacios imponente
cual monstruo colosal que se destraba;
aullaba el huracán, el mar bramaba
alzándose feroz en ronco estruendo
y la Creación entera parecía
que presa de pavor se estremecía
ante el empuje del ciclón tremendo.
¡Era un himno triunfal que nubes y olas
con su música fiera
cantaban a las naves españolas,
embajadoras de la Raza Ibera!
Estos versos de la conocida poesía de José Antonio, nos invita a introducirnos en un aspecto del pensamiento del Fundador de la Falange, ciertamente poco tratado y para muchos completamente desconocido: La relación que habría de establecerse entre la España que José Antonio ambicionaba y el país vecino, Portugal.
Esta cuestión, hoy indudablemente olvidada, tenía en aquellos momentos, una cierta importancia. Cómo podemos observar no sólo por la excelsa obra de Sardiha, que acumuló seguidores y detractores a ambos lados de la frontera hispano-lusa, sino por la polémica –de la que más adelante trataremos- de Onésimo Redondo con Rolao Preto en el semanario Libertad o los moviemientos de la izquierda, especialmente del Anarquismo de crear un “iberismo” que aunara a la clase proletaria de ambos paises(recordemos que la FAI era la federación Anarquista Iberica) una suerte de reelaboración del iberismo de corte masónico y liberal que se había promocionado desde el ilustrismo y liberalismo más radical.
A la luz de la conocida definición joseantoniana de Patria: Unida de destino en lo Universal ¿es posible incluir eventualmente a Portugal dentro de la patria española? ¿es esa la intención de José Antonio para con el país vecino? A la luz de los versos más arriba reproducidos, podría pensarse que José Antonio, consideraba como el ideal la unión en una sóla entidad nacional de las dos referidas naciones. Una idea, cercana como hemos dicho antes al iberismo que ciertas corrientes defendían. Sin embargo, años después ya fundada Falange española, José Antonio viene a clarificar, sus intenciones para con la nación portuguesa. Será en la entrevista que concedida al periodista portugues Oscar Paxeco del “diario da Manha”. Corre el año 34 y a la pregunta del periodista sobre la “obsesión de muchos españoles, los izquierdistas de entonces (el periodista habla en retrospectiva desde 1943), empeñados en realizar la tan decantada Unión Ibérica”. José Antonio responde que:
Las declaraciones del Jefe Nacional de Falange, coinciden casi punto por punto con las realizadas por el lider del nacionalsindicalismo portugues Rolao Preto, que vino a realizar en el semanario Libertad, que dirigía Oésimo Redondo. En aquella ocasión y con ocasión de los artículos que del político portugues aparecieran en la revista Acción Española, y en los que Onésimo denunciaba una frase de Preto en la que llamaba a los gallegos “portugueses d’alem Mihno”. Lo entendío el siempre apasionado Onésimo como una intención anexionadora de los portugueses y contestó airadamente desde la páginas de su semanal. Sin embargo, la respueta de Preto, no se hizo esperar, y en el número 45 de la misma revista, Acción Española, afirmaba “consideramos a España corno nuestra hermana latina más próxima, no sólo por su posición geográfica, sino por afinidades de espíritu. Esta proximidad, bien real para nosotros, se acentúa más todavía cuando la contemplamos a través del paisaje material y espiritual de Galicia. Y por ello, cuando llamamos a los gallegos «portugueses del otro lado del Miño» no tenemos en la mente otro deseo que el de proclamar una fórmula de amistad. Libertad tenía la obligación de saber que nadie como nosotros, los discípulos de Antonio Sardinha, podemos entender junto a un Portugal eterno, la eternidad de España». Onésimo se dió por satisfecho y la polémica desapareció, dejandonos clarificada también la opinión del político portugués.
Preto, afirma el deseo como José Antonio, de unas fraternas relaciones entre las dos naciones pero además se declará discípulo del Sardinha, lo cual no es baladí, para el tema que nos ocupa. Sardinha promovió como pocos una dimensión distinta en las relaciones entre España y Portugal: la Alianza peninsular. Alejada del iberismo izquierdista que pretendia unir en un solo ente a las dos naciones, e igualmente distante de las tradicionales relaciones en muchos casos hotiles. Podriamos hablar siguendo al intelectual luso de una suerte de federalismo hispano-luso y aquí surge la pregunta ¿es eso posible en el pensameinto de José Antonio? El patriotismo con minúscula, el nacionalismo estrecho basado en la lengua o el floclore, al que José Antonio denunciaba como romántico, encontraría en ello una amenza, un motivo de disensión con el uniformismo que este tipo de ideología siempre pretende imponer. José Antonio, como hemos dicho antes, y es conocido por todos, consideraba la Patria como una unidad de destino en lo universal y tampoco descartaba la colaboración de España en entidades supranacionales como demuestra el punto 3 de los 27 puntos doctrinales de Falange: “Respecto de los países de Hispanoamérica, tendemos a la unificación de cultura, de intereses económicos y de poder”. La pregunta que subyace entonces es si ese destino en lo universal que ha marcado a la nación española, es también o puede ser compartido por la nación portuguesa.
La elaboración en profundidad de la idea que José Antonio tiene de España, por su complejidad y amplitud, no es este artículo el lugar para desarrollarla, dejandolo para futuras intervenciones. Pero sí marcaremos unas páutas mínimas que nos permitan comparar el alma de las dos naciones y distinguir la posibilidad de una federación entre ambas. Para José Antonio este destino que ha conformado al nacion española es su catolicidad, un sentido de “...universalidad, ganó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los ganó para incorporar a quienes los habitaban a una empresa universal de salvación”. La misma catolicidad que había logrado unir al mundo como afirmó el propio josé Antonio, dando lugar a una época clásica, que “funciona según la más perfecta economía de los siglos” .
¿Es asimilable Portugal en este marco historico conformador de España? Es indiscutible, por evidente la confluencia histórica de las dos naciones. Esta comunidad histórica es sin duda fundamental para aquellos que estamos planteando.
España, como nación o Patria, nace en buena medida del impulso de la Reconquista. Este hecho parece hoy poco discutible e indudablemente forjó una personalidad propia que habría de cristalizar posteriormente en la España imperial, que José Antonio sentia como esencia de la verdadera España. Portugal en buena medida compartió este desarrollo histórico, compartiendo con el resto de reinos cristianos de España, los dimes y diretes de los 8 siglos de recuperación patria. Esto tuvo que dejar como en el resto de reinos cristianos una impronta particular, una forma der ser propia, un estilo que diría José Antonio y que desarrollaría de forma magnífica García Morente.
García Morente, confesaba su imposiblidad de dar una definición exacta de la españolidad, sin embargo utilizaba para este fin el método inderecto de mostrar esta esencia a través del estilo: en concreto del estilo del caballero español, con el que identificaba, el estilo, el modo de ser español. Decía Morente: “Una solución muy atractiva sería, por ejemplo, la de simbolizar el estilo español en las figuras de Don Quijote y Sancho. Encontraríamos, sin duda, en ellas, un gran número de alusiones y evocaciones de la eterna hispanidad. También podría elegirse la figura artística del Cid. Acaso, igualmente, alguna traza sacada de un cuadro español famoso. Así no sería mal símbolo del estilo español la figura central del cuadro de Velázquez denominado las Lanzas” . Y si tal son los símbolos españoles ¿cuál seria el de los portugueses? Sin duda podemos encontrar la similitud en el Amadís de Galua, que no por casualidad está escrita en castellano. También podríamos encontrarlo en el sebastianismo, idealización de un rey que desapareció combatiendo al infiel, con la fundamental ayuda española, otorgada por Felipe II, que no dudó en apoyar la cruzada de su sobrino contra el infiel.
Ambas naciones identifican su ser con el catolicismo de tal modo, que la difusión de este, fue considerado en ambas naciones como elemento fundamental que justificaba cada una de las grandes empresas por ellas emprendidas. Si bien, debemos decir que España tuvo un valor aún más preeminente que en Portugal, llegando a convertirse España nada menos y como decia José Antonio, en “ ..el brazo ejecutor de Dios” . lo que le llevó a desgastarse enfrentando al turco o a la herejía protestante. También debemos decir, que Portugal, no estuvo completamente ausente de estas hazañas, siempre ha habiso portugueses combatiendo a lado de España en los momentos cumbre de su historia, como lo demuestran los 10.000 viriatos que combatierion por Dios y por España en nuestra última Cruzada.
José Antonio, según nos refieren alguno de los que le conocieron, llegó a hablar de una España con capital en Lisboa y por bandera la senyera, (un viejo sueño de Felipe II por España o de Juan IV por Portugal). Pero a la luz de lo declarado por él, podemos hablar más de una identificación y alianza profunda que de una asimilación de una por la otra. Una alianza fraterana que renuncie a la preeminencia de uno sobre otro, y que renunciando a alianzas extrañas que para ambos no ha significado más que la dependencia y la ruina, en pos de una unidad que nos permita nuestra real independencia y la vuelta a nuestro auténtico ser.

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