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Leonor, tengo tantas cosas que contarte

  • Foto del escritor: monsieurcalgues75
    monsieurcalgues75
  • 17 ago 2022
  • 1 Min. de lectura

A la memoria de Leonor Lapoulide y Samuel Ros


¡Ay! amigo Samuel, allá en tu Cielo, ¿has encontrado ya a tu ángel?

Rubia y flexible espiga joven, vestida de claro cielo de estío,

con tu nombre bordado con la luz de atardeceres marinos,

perdida en temprana cosecha divina.


El pecado, con siete sonrisas, te arranco de tu alma la mitad mejor.

Las lágrimas repiquetearon en las ventanas abiertas de tus párpados,

hasta que tus ojos quedaron secos y duros como tallados en ceniza.

Llorar sin lágrimas, es como llorar a medias, una suerte de comedia

de fingida tristeza.

Por eso,

buscaste aquella lágrima que los significase todo.

Una lágrima ambarina, donde atesorar tu pena, para nunca perderla,

y conservarla punzante, sangrante y fresca.

Subido en un corcel de madera de ciprés,

quisiste remontar el cielo,

para arrancar un lucero de hielo

y hacer a Leonor, un hueco en el firmamento

junto a los camaradas, que antes se fueron.



En el titilar de mielgos luceros en el cielo,

sobre una luna amortajada de enlutadas nubes,

veo las brasas de aquel cigarrillo compartido,

reposando sobre el mármol de una lápida garabateada como por un niño,

elevando tristes mensajes de desesperación, a un paraíso incierto.




Samuel Ros, saliste de este mundo en busca de la mitad que te faltaba.

En una mañana fría, remontando un cielo claro,

entre una lluvia fina de infantiles estrellas,

que como un manto de pureza, te arropó escondiendo el eterno luto

que en tu alma de niño había dejado el mundo.



Madrid, abril 2017


 
 
 

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